Tráfico cierra hoy la campaña especial que inició hace 15 días

Jueves, A-43, kilómetro 16 (entre Torralba y Daimiel), 20.00 horas: control de alcoholemia del Subsector de Tráfico de la Guardia Civil de Ciudad Real. En una hora aproximadamente entre 225 y 250 conductores son sometidos al “muestreo de verificación de alcoholemia”, nombre oficial de los controles de alcoholemia que de un tiempo a esta parte se han convertido en una obsesión para la Dirección General de Tráfico resuelta a erradicar a golpe de etilómetro y presencia de la Guardia Civil en la carretera la mala costumbre de ponerse al volante con unas copas de más.

Y no es capricho. En un tercio de los accidentes mortales del año pasado el alcohol fue un factor “concurrente o desencadenante”, según la DGT, que ha implicado a todas las agrupaciones de tráfico en una nueva campaña especial veraniega en la que en los últimos quince días sean intensificado las pruebas.

El muestreo con el que arranca este artículo no es un supuesto, se hizo el jueves en una de las autovías de la provincia con personal de las agrupaciones de Tráfico de Puertollano, la plana mayor de Ciudad Real y agentes de Manzanares. Ninguno de los controlados superó los límites legales y abundó el ‘0.00 mg/l’, con el que los modernos etilómetros marcan que la persona sometida al test no ha consumido alcohol. Lanza acompañó a los agentes, que recibieron el auxilio del servicio de Mantenimiento de Carreteras para montar el dispositivo, y pudo comprobar la rapidez y eficacia con la que hoy por hoy se practican estas pruebas.

Desterrar falsas creencias

El responsable del control del jueves es el alférez Ángel Medina, jefe del destacamento de Tráfico de la Guardia Civil de Manzanares y en estos días en funciones de capitán jefe del Subsector de Tráfico, explica que “esta campaña va enfocada a prevenir el consumo de alcohol en la conducción, que es uno de los problemas más graves que afectan a la seguridad del tráfico”. El oficial quiere que nos quede clara una idea: “La DGT pretende que se hagan muchas pruebas, que los conductores sientan la presencia de la Guardia Civil en carretera y que en cualquier momento, en cualquier lugar y a cualquier hora pueden ser sometidos a un muestreo de alcoholemia. Hay que desechar la idea que tiene la mayoría de que los controles de alcohol sólo se hacen de noche, fines de semana y días de fiesta; ya no”, agrega.

El alférez Medina lleva veinte años en la Guardia Civil, once en la Agrupación de Tráfico, muchos de ellos de servicio en Madrid. Ha visto de todo en las carretera y sí; confirma que es verdad, que cada vez hay más concienciación entre los conductores del peligro de conducir bajo los efectos del alcohol, pero claro, “el parque móvil ha aumentado muchísimo”. Imposible impedir que nadie cometa imprudencias, no obstante, se intenta.

300.000 controles

En esta campaña especial de alcoholemia, que coincide con las primeras semanas de vacaciones de verano, la Guardia Civil de Tráfico hará más de 300.000 controles en todo el país. Desde el día 6 y hasta este domingo en la provincia se han hecho controles especiales a diario en las dos autovías. Por lo general, cada fin de semana se hacen entre cuarenta o cincuenta en distintos puntos de las carreteras “¡Y no sólo de noche!”, insiste el alférez.

Con luz y taquígrafos -en este caso la prensa- se sometieron este jueves a las pruebas de detección de alcoholemia decenas de conductores. Muchos conversaron con este periódico sin perder la sonrisa tras haber superado sin problemas el test. Por lo general ven con buenos ojos que se hagan este tipo de controles, y sueltan un discurso sobre lo malísimo que es conducir bebido a poco que les preguntes. Es el caso de Jesús, de 19 años, trabajador de una empresa de muebles y vecino de Daimiel. Es uno de los primeros en ‘soplar’ en el control del jueves en la A-43. Como esperaba “no he bebido, dice”, da la cifra redonda ‘00.00 mg/l’, puede continuar su camino. Ya sin la presencia de los guardias explica que no bebe, y menos cuando conduce, aunque por su trabajo pasa mucho tiempo en la carretera. Otro conductor dice que ya ha perdido tres puntos del carné, pero por el móvil, “me pillaron hablando por teléfono, aprendió la lección”, dice.

No fue el caso del jueves (sólo se levantaron alguna sanciones por no llevar el cinturón y otras relativas a la documentación reglamentaria). Si la Guardia Civil u otro cuerpo policial sorprende a un conductor superando la tasa de alcohol pueden suceder varias cosas. Si va muy bebido y supera la tasa legal 0,25, es decir, da una tasa superior a 0,60, será detenido por los agentes que intentarán que algún acompañante, una vez sometido a la prueba, se haga cargo del vehículo. De lo contrario se inmoviliza el coche hasta que la grúa lo retira del lugar. Es lo que dice la norma, aunque en ocasiones los propios agentes afirman que no les cuesta nada, “por hacer un favor”, retirar el coche y conducirlo hasta un lugar más adecuado al de la carretera o autovía en la que sorprenden al infractor.

Cosas como ésta se dan a menudo en tráfico, según el alférez Medina, que destaca la labor humanitaria de su trabajo, “se nos sigue viendo como fuerza represora y no es así, la mayor parte de nuestro trabajo es de auxilio en carretera”.

Uno de los guardias que le acompaña, con 27 años de servicio en Tráfico, aporta otra idea: “Toda muerte en carretera es absurda y evitable”. Mejor cumplir las normas.

Los ‘controlados’

Valeriano Rincón, profesor de la autoescuela Santa Teresa de Daimiel, es uno de los conductores elegidos aleatoriamente en el control del jueves en la A-43. Regresa en un vehículo oficial de su autoescuela a Daimiel con tres alumnos tras una clase práctica en Ciudad Real que termina por un recorrido en la vía rápida. Un alumno maneja el volante principal, pero el responsable del vehículo es él y por tanto el que tiene que someterse a la prueba de alcoholemia. Está trabajando, es un profesional y no ha bebido, nunca lo hace cuando conduce. El control de alcoholemia le parece “lo que hay que hacer”, y sonríe mientras posa para la foto.

Otro conductor sometido a la prueba sopla con resignación. Lo ha hecho muchas veces y se lo toma con calma, “esto no me cabrea, los radares sí”. “No se puede tolerar que nadie que haya bebido se ponga al volante”, explica.

Otro vecino de Daimiel que regresa a la localidad, Jesús Miguel, con su esposa se somete al control. Lleva 27 años conduciendo, lo hace a diario y con un camión aunque este jueves va en su vehícuhículo particular y asegura que es la primera vez que le hacen “soplar”. Se nota. El guardia que le facilita la boquilla tiene que explicarle que debe soplar, pero cuando tenga el etilómetro conectado. Se ríe, no da nada ni un milgramo de alcohol, tampoco ha bebido y no tiene problemas en hablar con la prensa: “Me parece muy bien, el único accidente que he tenido en mi vida fue por un conductor ebrio que chocó con mi vehículo, hay que acabar con esas cosas”.

Pasadas las nueve el jefe del dispositivo da la orden de desmontar. Mantenimiento en carretera retira los conos que han habilitado uno de los carriles para detener a los vehículos con seguridad y las patrullas, una por una, pasan delante del alérez Medina. Les da permiso para retirarse. El deber les llama en Almodóvar, tienen que ir a un accidente.

Fuente original: Lanza Digital.

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