La Dirección General de Tráfico (DGT) acaba de adquirir 43 nuevos radares láser por valor de más de 3 millones de euros, y aún no ha sabido darles una ubicación para su funcionamiento. Los aproximadamente 70.000 euros que ha costado cada uno de los terminales, no parecen suponer ningún gasto desorbitado para dicha institución, si tenemos en cuenta que cada aparato registra como mínimo 800 infracciones con su correspondiente multa y que su coste se amortizaría en muy pocos días.

Algunos expertos en tráfico y en seguridad vial afirman que las sanciones no sirven para penalizar un comportamiento incorrecto en la carretera y corregirlo, sino para llenar las arcas del estado. No se entiende que la DGT invierta esos fondos en comprar 43 radares láser de última generación, cuando ni siquiera saben dónde los instalarán, a pesar de que en las carreteras de nuestro país hay cientos de puntos negros en los que los accidentes ocasionados por exceso de velocidad, llegan a duplicar al de otros lugares.

La indignación de muchos colectivos, conductores y peatones, se hace cada vez más evidente, ya que proclaman la inutilidad de estos sistemas de control de la velocidad, cuando el estado de algunas vías de circulación o su señalización defectuosa, que son objeto directo de miles de accidentes y responsabilidad directa del Ministerio de Fomento no parecen corregirse con la urgencia que se merece por no destinar para ello el suficiente dinero, a pesar de lo mucho que se recauda en concepto de infracciones de tráfico y que paradójicamente sí se emplea en adquirir nuevos dispositivos con los que seguir sancionando a los conductores.

En este mes de Septiembre ha aumentado un 10 % el número de víctimas mortales en relación al mes pasado y aunque las campañas de concienciación siguen llenando los diferentes medios, esta sigue siendo la gran duda: ¿son realmente útiles los radares de tráfico o sólo sirven para exprimir al contribuyente?.

Fuente original: Cápsulas.

Artículos relacionados: