«Estamos fatal, viendo cómo tiran nuestra vida por la borda», explicaba Nelita Mesa mientras una excavadora acababa con su hogar

La familia Mesa ya no tiene casa. Una excavadora se encargó ayer de convertir en escombros el producto de un trabajo de años aún por pagar y que una sentencia del Tribunal Superior de Justicia considera fuera de la legalidad. «Estamos fatal, viendo cómo tiran nuestra vida por la borda», comentaba Nelita Mesa refugiada en una caravana que se ha convertido en su hogar.

Con la casa a medio tirar, la excavadora terminará su trabajo en la jornada de hoy, y la sensación de haberlo perdido todo, la familia Mesa medita qué hacer a partir de ahora. Son los dueños de la parcela, cuentan con una caravana y esperan poder quedarse en su finca hasta encontrar una solución a su problema.

La que ya ha tenido que irse es una de sus hijas, que compartía residencia con la familia. «Se ha marchado a Benidorm con su hermano, pero tendrá que volver porque está terminando la carrera. No sabemos qué vamos a hacer, porque en la caravana no entramos los tres. Ahora no tenemos cabeza para pensar», afirmaba Nelita Mesa, notablemente afectada.

El matrimonio vive ahora en una caravana instalada en la misma parcela. Todavía tienen que pagar parte de la hipoteca de su ya antigua casa.

La historia de este derribo viene de lejos. Una sentencia de 2007 obligaba a derribar su casa por incumplir las distancias legales con una granja de conejos situada en las inmediaciones de la misma. Los dueños de la vivienda siguen defendiendo que las mediciones no estaban bien realizadas y que la casa cumplía la legalidad. Apenas veinte metros de separación entre la postura que defienden y la del juez han sumido a esta familia en la desolación. «No hacemos más que llorar», concluye Nelita Mesa.

Fuente original: El Comercio Digital.

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