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Bilbao acondiciona las señales de acceso para autocaravanas
0El Ayuntamiento volvió a colocar ayer los seis carteles indicativos que se quitaron en el BBK Live
El Ayuntamiento de Bilbao volvió a colocar ayer las señales indicativas del AutoCaravaning Kobetamendi. La concejala de Turismo, Isabel Sánchez, considera que “esta instalación es un éxito” por lo que el Consistorio está estudiando “la rentabilidad social que tendría convertirla en un camping”.
Los paneles que indicaban cómo llegar a Kobetamendi habían sido retirados el pasado día 7 con motivo del BBK Live y en su ausencia muchos conductores estaban optando por aparcar su autocaravana en otras zonas de la ciudad, tal y como informó DEIA. Isabel Sánchez reconoció ayer “la falta de coordinación” del Ayuntamiento a la hora de reubicar las señales del parking para autocaravanas, cuyo éxito este mes, a pesar de la ausencia de señalización, “ha sido total”.
La concejala destacó la importancia que tiene el aparcamiento para los turistas que llegan en autocaravana, “un tipo de turista urbano cada vez más presente en Bilbao que no tiene nada que ver con el perfil de visitante que llega en una roulotte o en una tienda de campaña”.
En este sentido, Isabel Sánchez aseguró que el Ayuntamiento no descarta la posibilidad de convertir el AutoCaravaning Kobetamendi en un camping al uso, pero recordó que para ello “es necesario valorar primero la demanda social que tiene dicho servicio”.
En cuanto a la ubicación del posible proyecto, Sánchez dijo que “ninguna ciudad europea cuenta con un camping dentro de su perímetro urbano”, pero aseguró que el proyecto de abrir un camping “está en cartera” y que, de llevarse a cabo, “se hará bien y con todas sus consecuencias”.
El propio Iñaki Azkuna, en una rueda de prensa celebrada ayer, se refirió a esta cuestión, pero recordó que “ciudades tan grandes como Singapur o Nueva York tampoco disponen de un camping” e hizo una valoración muy positiva del primer mes de funcionamiento del aparcamiento para autocaravanas del monte Kobetas.
En el mes de julio, 95 vehículos han visitado el recinto de Kobetamendi. Un total de 271 turistas han hecho uso de la instalación, que cuesta 15 euros por día y noche y que dispone de agua, servicio eléctrico y de un lugar para el vaciado de aguas sucias, además de una vista panorámica de la ciudad.
De cara a agosto, los responsables del AutoCaravaning prevén la llegada de un gran número de usuarios con motivo de la Aste Nagusia, quienes tendrán mucho más sencillo llegar a Kobetamendi gracias a la instalación de estos seis paneles informativos distribuidos entre la salida de la A-8 hacia Balmaseda, la carretera Basurto-Castresana y los principales cruces de la subida al monte Kobetas.
Fuente original: Deia.
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Las autocaravanas toman la Torre
1La Policía Local indica que estos vehículos solo pueden estacionarse y hacer noche en la zona del Portiño
El parking de la torre de Hércules está tomado por las autocaravanas. Hasta 17 de estos vehículos, procedentes de ciudades españolas, italianas, francesas o portuguesas, se podían ver en la tarde de ayer en esa área.
Ni sus dueños ni los vecinos de la zona tenían consciencia de incumplir ninguna norma. «Aquí siempre está así. No creo que tenga nada de malo; si no, ya los habría echado», explicaba uno de los camareros de un bar cercano que afirmaba que de noche la afluencia aumenta: «Sí, seguro que duermen ahí. Cuando se van los coches, aprovechan para aparcar. Así se pueden pasar una noche al lado de la Torre. Ahora que es patrimonio de la humanidad eso es un lujo. ¿A ver en qué hotel puedes despertarte con una vista así?», comentaba entre risas.
En el parking, una familia de Murcia explicaba que lo que hacen es perfectamente legal: «Somos un vehículo como cualquier otro. La autocaravana se considera un vehículo ligero, no es como si llevas una roulotte de remolque y, con tal de que no se haga campamento, no hay problema».
Portiño
No piensa así la Policía Local, que, alertada por el masivo estacionamiento de este tipo de vehículos en la zona, acudió ayer a la Torre, con el objeto de advertir a los conductores. Se les indicó que se trasladasen al Portiño. Allí existe un amplio aparcamiento pensado para acoger a los turistas que llegan en autocaravana. Desde el Ayuntamiento, se confirmó que ese y no otro es el lugar en el que se deben de instalar.
Sin embargo, pese a todas las comodidades, a la misma hora que en la Torre estaban 17, en el Portiño se podían ver solo 7 vehículos. La dueña de uno, portuguesa, comentaba que habían llegado hasta allí siguiendo las indicaciones de la ciudad que había recogido en Internet: «Este es el sitio adecuado, porque hay agua y puedes sacar sillas y mesas». Pese a todo, tampoco era consciente de la irregularidad de aparcar las autocaravanas en espacios urbanos.
Fuente original: La Voz de Galicia.
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La Moneda y el fotógrafo
0A finales de la década de los 50, poseer una caravana en Burgos era toda una extravagancia. Conocíamos su existencia a través del cine y quizá de alguna revista ilustrada de esas que tanto proliferaban en aquella época. Por eso Fede, siempre atento a lo que pasaba a su alrededor, no dudó en enfocar su objetivo hacia aquella imagen que debió sorprenderle tanto como al resto de viandantes que se cruzaron con ella en la calle La Moneda. Lo curioso del caso es que el artefacto no pertenecía a un turista de paso por la capital burgalesa, sino a un vecino de ella. Lo único que falta en la magnífica fotografía es identificar al dueño. Sin duda, debía ser un tipo especial.
Viajar con la casa a cuestas
Desde tiempo inmemorial, el hombre, y el burgalés no iba a ser menos, ha sentido la necesidad de recorrer otros lugares a medida que sus posibilidades de transporte aumentaban. Entre aquellos primeros viajeros románticos del XIX y el turismo masivo de nuestros días, el placer de viajar ha sufrido muchos cambios en la forma pero no tanto en el fondo.
No hay más que ver la fotografía que encabeza esta sección para comprobar que los diseñadores de caravanas no han evolucionado mucho el planteamiento inicial a la hora de fabricarlos nuevos modelos. Ciertamente, las casas rodantes de ahora son muy similares a las de hace medio siglo. Al menos, en su apariencia exterior.
Esta similitud en cuanto a la forma de las caravanas -admito mi ignorancia sobre cómo se denominaban entonces estos artilugios- contrasta con la revolución en el diseño que han tenido los automóviles. Ese turismo Citroën con matrícula BU-3330 al que está enganchada la protagonista de la imagen no tiene absolutamente nada que ver con cualquier coche de los de la gama actual de la marca francesa. Lo mismo puede decirse del Renault 4/4 que está aparcado delante, o de ese otro utilitario aún más antiguo que inicia la fila.
Este pionero del movimiento campista burgalés tendría, sin embargo, serias dificultades para disfrutar de su afición de una manera, digamos, reglada. De entrada, no era muy habitual en aquellos tiempos que alguien decidiera abandonar el confort de un hotel a cambio de la libertad que supone saber que nadie va a decirte dónde vas a pasar la noche. Además, solo si salía al extranjero podía garantizar la existencia de campings donde instalar la caravana y si su ámbito turístico se limitaba a la piel de toro, la mayor parte de las ocasiones la acampada tenía que ser libre. No en vano, en 1955 solo existían en toda España una docena de campings, aunque tan solo una década más tarde esa cifra se había disparado ya hasta los 327, lo que da una idea de impulso de estos primeros campistas.
El tercer elemento que explica lo incipiente de ese movimiento en la década de los 50 hace referencia al aspecto económico. En aquella época, un automóvil con potencia suficiente como para remolcar una caravana tenía un precio estratosférico, por no hablar del coste de la roulotte en sí.
Fuente original: Diario de Burgos.























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