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Ni los campings se salvan
0Hasta mayo el número de turistas que se alojaron en campings de la provincia disminuyó un 13% respecto al año anterior, aunque las pernoctaciones se incrementaron en un 4,5%
Si de algún ramo de la hostelería cabía esperar que se salvara del parón del turismo ese es el de los campings. Pero tampoco están para tirar cohetes. La lógica lleva a pensar que, dado su menor precio en relación a otras fórmulas de alojamiento, en estos tiempos de crisis sería una de las opciones preferidas por los ciudadanos. Pero no es así. El parón también lo han percibido.
En lo que va de año -con datos de enero a mayo- el número de clientes de estos establecimientos ha descendido un 13%, si bien el número de pernoctaciones ha subido un 4,5%. Es decir, que los que se alojan lo hacen durante más tiempo.
Esta tendencia a la baja en la llegada de viajeros forma parte de una tendencia iniciada en 2005. El año anterior, 2004, a los campings burgaleses acudieron 104.000 turistas, la única vez en la historia que superaban la barrera de los 100.000. A partir de ese ejercicio, las cifras empezaron a bajar y en 2008 la cifra de viajeros se situó en unos mínimos de 66.000, unos números que no se registraban desde principios de siglo.
Hay varias cuestiones que no han jugado en favor de este tipo de establecimientos en los últimos años. El primer fenómeno que ha influido en su decadencia ha sido el surgimiento del turismo rural. Antes, una de las pocas forma de disfrutar del turismo de interior era hacerlo alojándose en un camping, pero en la actualidad, más de 270 casas desperdigadas por la provincia hacen la competencia a estas zonas de acampada.
Y en los últimos tiempos, un cambio legislativo en la Ley de Tráfico tampoco ha sido muy favorable a sus intereses. Las autocaravanas, que hasta hace muy poco no podían aparcar en la calle, lejos de los campings con zonas habilitadas para tal efecto, ahora sí que pueden hacerlo. E incluso lo hacen en zonas cercanas a estos negocios, para beneficiarse de sus servicios pero si pagar tarifa.
Además, con la crisis económica no han podido beneficiarse aún de una modificación legislativa que sí les favorece. La ley regional que regula este tipo de alojamiento turístico les permite ahora dedicar un 50% de su superficie a estructuras fijas: cabañas, pequeños bungalows, etc, y un 100% en el caso de que esas cabañas sean propiedad del camping.
El camping El Brezal, en Medina de Pomar, que abrió en el año 2005, vio que en los primeros años el número de personas con casas prefabricadas y cabañas que contrataron estancia anual aumentaban de 12 en 12 cada y en 2009 «solo se han establecido dos», indica Agustín Delgado, uno de los copropietarios.
Los bungalós
Y es que con la crisis económica, «la gente se lo piensa más de dos veces a la hora de meterse en una compra como ésta». Además, «lo tienen difícil porque en muchos casos el banco ni les concede el crédito para la adquisición y cuando lo hace es en unas condiciones leoninas, a un 13% anual de interés», indica.
El año no está siendo bueno, según afirma este empresario. El cliente de paso, el que permanece una semana o dos durante sus vacaciones «ha bajado mucho» y el número de personas que llegan con «módulos fijos de contrato anual es muy flojo».
Lo único que está funcionando, y es porque se lo trabaja el propio Delgado, es son los campamentos organizados y las colonias de tiempo libre. «Trabajo con una empresa de tiempo libre que me subcontratan el alojamiento y la manutención de los chavales y de esta forma vamos capeando la crisis», asegura.
En Burgos hay abiertos 17 campings en la actualidad, la mayoría en el norte de la provincia. Casi todos basan su estrategia comercial en la atracción del cliente vasco. Es el caso de El Brezal. Delgado emplea muchos esfuerzos en campañas de publicidad en publicaciones especializadas y en internet para atraer a estos turistas a sus instalaciones.
En otro camping, en Arlanza, la situación en verano «es para suicidarse», afirma su gerente, Alberto Laguén. Hasta el mes de junio fueron «defendiéndose», pero en verano el retroceso en la llegada de turistas «ha sido espectacular». Y sobre todo se ha notado en la ocupación de módulos y cabañas, que ha descendido en más de un 50%.
En cuanto al número de tiendas de campaña y caravanas con turistas de paso, la cifra ha crecido «algo», pero como su contribución al negocio representa una mínima parte esta circunstancia «no mejora la cuenta de resultados».
El camping Puente de los Montes Obarenes ha sido el último en entrar en funcionamiento en la provincia de Burgos. Lo ha hecho hace un mes, el 1 de julio. Es de propiedad municipal, en concreto del Ayuntamiento de Busto de Bureba. Tiene muy pocas plazas 18, pero ya han pasado por allí una veintena de turistas, la mayoría en tiendas de campaña, «aunque también alguna caravana», apuntan desde el establecimiento.
Este alojamiento está situado junto a las piscinas del pueblo y frente al campo de fútbol, formando un complejo «muy atractivo para los usuarios», subrayan desde el camping.
Fuente original: Diario de Burgos.
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La Moneda y el fotógrafo
0A finales de la década de los 50, poseer una caravana en Burgos era toda una extravagancia. Conocíamos su existencia a través del cine y quizá de alguna revista ilustrada de esas que tanto proliferaban en aquella época. Por eso Fede, siempre atento a lo que pasaba a su alrededor, no dudó en enfocar su objetivo hacia aquella imagen que debió sorprenderle tanto como al resto de viandantes que se cruzaron con ella en la calle La Moneda. Lo curioso del caso es que el artefacto no pertenecía a un turista de paso por la capital burgalesa, sino a un vecino de ella. Lo único que falta en la magnífica fotografía es identificar al dueño. Sin duda, debía ser un tipo especial.
Viajar con la casa a cuestas
Desde tiempo inmemorial, el hombre, y el burgalés no iba a ser menos, ha sentido la necesidad de recorrer otros lugares a medida que sus posibilidades de transporte aumentaban. Entre aquellos primeros viajeros románticos del XIX y el turismo masivo de nuestros días, el placer de viajar ha sufrido muchos cambios en la forma pero no tanto en el fondo.
No hay más que ver la fotografía que encabeza esta sección para comprobar que los diseñadores de caravanas no han evolucionado mucho el planteamiento inicial a la hora de fabricarlos nuevos modelos. Ciertamente, las casas rodantes de ahora son muy similares a las de hace medio siglo. Al menos, en su apariencia exterior.
Esta similitud en cuanto a la forma de las caravanas -admito mi ignorancia sobre cómo se denominaban entonces estos artilugios- contrasta con la revolución en el diseño que han tenido los automóviles. Ese turismo Citroën con matrícula BU-3330 al que está enganchada la protagonista de la imagen no tiene absolutamente nada que ver con cualquier coche de los de la gama actual de la marca francesa. Lo mismo puede decirse del Renault 4/4 que está aparcado delante, o de ese otro utilitario aún más antiguo que inicia la fila.
Este pionero del movimiento campista burgalés tendría, sin embargo, serias dificultades para disfrutar de su afición de una manera, digamos, reglada. De entrada, no era muy habitual en aquellos tiempos que alguien decidiera abandonar el confort de un hotel a cambio de la libertad que supone saber que nadie va a decirte dónde vas a pasar la noche. Además, solo si salía al extranjero podía garantizar la existencia de campings donde instalar la caravana y si su ámbito turístico se limitaba a la piel de toro, la mayor parte de las ocasiones la acampada tenía que ser libre. No en vano, en 1955 solo existían en toda España una docena de campings, aunque tan solo una década más tarde esa cifra se había disparado ya hasta los 327, lo que da una idea de impulso de estos primeros campistas.
El tercer elemento que explica lo incipiente de ese movimiento en la década de los 50 hace referencia al aspecto económico. En aquella época, un automóvil con potencia suficiente como para remolcar una caravana tenía un precio estratosférico, por no hablar del coste de la roulotte en sí.
Fuente original: Diario de Burgos.



























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