Julián Sanz prepara su revalida en la Race Across America, la prueba ciclista más dura del mundo

5.000 kilómetros de sufrimiento y angustia le separan de la gloria en la mayor gesta que se conoce sobre una bici. Derrotado el pasado año por una alimentación excesiva en carbohidratos, el vizcaino Julián Sanz prepara su tercer asalto a la Race Across America, la carrera reina del ultrafondo mundial que explora los límites de la resistencia humana atravesando los Estados Unidos de costa a costa en 10 días.

A sus 37 años, el corredor de Ugao se lanza a la conquista del Lejano Oeste para completar una trayectoria jalonada de hazañas entre las que destaca su triunfo en el Tour sin etapas de 2007. Olvidados los rigores del sufrimiento de su debut hace 2 años, el corredor mantiene las secuelas de un orgullo magullado por el abandono de la pasada edición.

“Veías llegar a los corredores con su gesto encorvado, sus labios quemados y sus tobillos inflamados como botas y quieres estar ahí. No es masoquismo, pero les tenía envidia. Me sentía muy mal”, confiesa con sinceridad Julián, único participante estatal de la prueba.

En esta ocasión, el corredor se blinda contra la fatalidad con la vuelta a la alimentación tradicional frente a los compuestos artificiales que saturaron su sistema intestinal. La cocina de siempre, la de la amatxu, es su arma secreta para asediar el trono de la carrera frente a su experimento del pasado año con “comida de astronauta”.

Pasta, purés variados o lentejas serán su combustible en la carretera de acuerdo con la consigna de un nutricionista catalán especializado en pruebas de larga distancia. Julián se aferra al gusto como un estímulo adicional para resistir la tentación del abandono. “Según avanza la carrera el cuerpo no valora tanto el aporte nutricional, te conviertes en una autómata con necesidades básica. Necesitas el incentivo del sabor para mantener el estado de ánimo”, argumenta.

Las llamadas de teléfono a los seres queridos serán otra de las ataduras imaginarias al sillín para preservar hasta la meta la simbiosis entre hombre y máquina. “Es uno de los recursos del jefe de equipo cuando te entra una pájara anímica porque te motiva bastante”, señala.

Aparte de la comida, se ha liberado del trabajo con una media jordana laboral para preparar en exclusiva la prueba. “Con 8 horas de trabajo era muy duro porque tenía que sacar tiempo del sueño y en vez de ir físicamente a más iba a menos. Ahora entreno sin estrés”, celebra. Julián devora la carretera superando los mil kilómetros semanales para anticipar la implacable dureza de una prueba que añade al desierto como tormento adicional.

Asimismo, extrema su logística con la aspiración de alcanzar la gloria entre los tres puestos de honor. Con este fin, Julián reforzará su supervisión médica en carrera con análisis de sangre para comprobar su fortaleza con más exactitud que las tomas de tensión que realizó en las pasadas participaciones.

El vizcaino mantiene el despliegue del año anterior con un equipo de 11 personas. Sus integrantes siguen los pasos del corredor repartidos en una furgoneta y una autocaravana que hace las veces de puesto de operaciones. Este vehículo se convierte en un centro de servicios rodante multifuncional adaptado a las necesidades del ciclista. Con este fin se acondiciona su interior para equiparlo con cajoneras, neveras, camas y un sistema de localización GPS.

La autocaravana demuestra su razón de ser en toda su plenitud con la parada diaria cuando mimetiza el funcionamiento de los boxes de la Fórmula Uno. “Es un momento duro. El cuerpo te pide seguir porque sientes que avanzas aunque te encuentres muerto”, reflexiona Julián.

El grupo de fisioterapeutas, médicos, cocineros y mecánicos se sincronizan entonces para asegurar la puesta a punto de Julián y de su bici en tan sólo dos horas. En este tiempo el ciclista debe comer, dormir y reponerse del desgaste de la jornada.

Para ello, la intervención se inicia a contrarreloj en plena comida con un tratamiento de pies que comprende masaje y estiramientos además de su hidratación y la cura de diversas inflamaciones. La actuación continúa durante el sueño en la cama con la descarga de los músculos de sus piernas y del tronco. Con tan sólo hora y media de descanso el ciclista se prepara para lanzarse a la carretera tras la ingesta de un dulce a modo de desayuno.

La autocaravana también desarrolla las funciones de taller con la revisión y el arreglo de la bici. En la ausencia de Julián se emplea como lavandería, cocina y sala de descanso de los jefes de equipo.

Por su parte, la furgoneta permite realizar las funciones de un coche de director de carrera para supervisar al corredor. A estas funciones se le añade el seguimiento de la ruta a través del GPS.

Fuente original: Deia.

Artículos relacionados: