Archivo de febrero, 2009

La DGT hará 800.000 controles del uso del cinturón de seguridad en la carretera

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La DGT inicia una nueva campaña de control del uso para concienciar a los ciudadanos

Más de 300 personas fallecieron en accidentes de carretera sin el cinturón puesto

Un 5% de los conductores reconoce que no sientan en sillas reglamentarias a los niños

La Dirección General de Tráfico (DGT) inicia el lunes día 9, y hasta el próximo 22 de febrero, una nueva campaña de control del uso del cinturón de seguridad y otros sistemas de retención homologados, con la finalidad de concienciar a los ciudadanos de la importancia que tiene su uso en caso de accidente, según informó hoy la institución.

Así, los agentes de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil controlarán al menos 800.000 vehículos, comprobando que tanto el conductor como los pasajeros llevan puesto correctamente el cinturón de seguridad. Además, tratarán de informar a aquellas personas que todavía no hacen uso de dicho dispositivo de la necesidad de convertirlo en un hábito en el momento que se suben al vehículo.

Los controles se realizarán en las carreteras que son competencias de la DGT, aunque también se ha invitado a los Servicios de Tráfico que tienen las competencias transferidas, Cataluña y el País Vasco, así como a los ayuntamientos para que realicen vigilancia en vías urbanas.

La campaña se enmarca dentro de las recomendaciones que hace la Unión Europea de realizar al menos dos campañas de control del cinturón de seguridad al año y provocar el compromiso de todos los conductores y pasajeros con la Seguridad Vial.

304 muertos en accidentes no llevaban cinturón

En el 2008 de las 1.363 (datos provisionales) personas que murieron en accidentes de tráfico en turismo o furgoneta, al menos 304 no llevaban puesto el cinturón de seguridad, cifra que ha ido disminuyendo en los últimos años, pasando del 34% en el 2003, al 22% en el 2008, dato que refleja que todavía queda mucho por hacer, según apunta la DGT.

Diversos estudios demuestran que el uso del cinturón está más generalizado entre los conductores y pasajeros de los asientos delanteros (95 por ciento) que en los traseros (70 por ciento) y dependiendo de la vía, su uso es mayor en carretera que en vías urbanas.

Respecto a los menores, durante la campaña también se vigilará que éstos vayan con los sistemas de retención adecuados. Durante el pasado año, uno de cada cuatro menores fallecidos en accidente de tráfico no llevaba puesto el cinturón de seguridad.

No todos los niños van en sillitas

Según un barómetro de opinión encargado por la DGT en 2008, un 5,3% de los conductores de turismo que llevan niños reconocen que no siempre les sientan en sus sillitas reglamentarias o con el cinturón y el 6,7% afirma que no siempre se abrocha el cinturón de seguridad cuando va sentado en el asiento del acompañante.

El Reglamento General de Circulación obliga al conductor y a los pasajeros, tanto de los asientos delanteros como de los traseros, a llevar correctamente abrochado el cinturón de seguridad o el dispositivo de retención cuando vaya a realizar cualquier trayecto de vía urbana o carretera.

El uso correcto del cinturón reduce a la mitad el riesgo de muerte y mitiga la gravedad de las lesiones en caso de accidente. Además, alcanza la máxima efectividad en los vuelcos, donde se reduce un 77 por ciento el riesgo de muerte.

El incumplimiento de esta norma está tipificado como ‘infracción grave’, y se sanciona con multa de 150 euros y con la pérdida de tres puntos en el caso de los conductores. Durante el pasado año se tramitaron 140.000 denuncias a conductores por no llevar cinturón o el dispositivo homologado.

Fuente original: RTVE.

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El viudo revive desde Béjar los últimos días junto a su mujer

Con 15.000 habitantes, es fácil suponer que en la pequeña localidad salmantina de Béjar todo el mundo se conoce. Pero a Evaristo Sánchez un poco mejor. Se pregunte donde se pregunte, ya sea junto a la primera plaza de toros construida en España, en la cafetería del hotel de Laudelino Cubino o en la estación de esquí de La Covatilla, le dirán a uno que Evaristo es un hombre al que la vida le dio duro, que no le ha devuelto los esfuerzos y desvelos por llegar a lo que hoy es, un reconocido empresario del automóvil, que soporta la crisis del sector sin estrecheces y que ahora, si pudiera, «lo cambiaría todo» por tener todavía a su lado a su primer hijo y a su esposa. Perdió a los dos. A uno, hace once años, en un terrible accidente de tráfico en el que también falleció la que era su novia. A ella, hace hoy doce días, en A Coruña, por apoyarse en una barandilla en mal estado y caer desde una altura de cinco metros.

El camarero de una cafetería próxima al Ayuntamiento de Béjar, que tenía trato con el matrimonio, cuenta que Evaristo e Isabel trabajaron toda su vida como chinos. Ese tipo de personas que no ponen horario a sus negocios. Los americanos dirían de ellos que son personas hechas a sí mismas. En Béjar dicen que se trata de dos personas «que se han ganado lo que tienen», que todo lo que han alcanzado fue por «trabajar duro y ser honrados». Luego, añadía lo que añade todo el mundo en estos casos: «Pero la vida fue cruel con ellos». Sobre todo con Evaristo, que a la muerte de su hijo, con 21 años, se une ahora la de su esposa.

También los periódicos salmantinos recogían la tragedia de este hombre y traían, perdida en medio de todas las crónicas, una frase repetida como una jaculatoria: «El viudo de la fallecida ya había perdido un hijo en accidente de tráfico hace once años».

Dice que estaban saliendo de aquello. Pero pocos le creen. El mismísimo alcalde de Béjar, Cipriano González, duda de que superaran aquel drama. «Les gustaba viajar, intentando superar aquella terrible pérdida, pero siempre tenían presente la falta del hijo», asegura.

Que Evaristo era un hombre conocido en esta ciudad se ve en las tres fotos que cuelgan de su despacho. Se le ve a él poniendo el maillot al vencedor de una etapa de la Vuelta Ciclista a España.

Empresario

Evaristo e Isabel se ganaron la vida en un sector nada común en Béjar. En esta ciudad, de calles estrechísimas y abalconadas, en la que la gente todavía da las buenas noches cuando se cruzan con un desconocido y los peatones adelantan a los coches, sus habitantes tienen, principalmente, dos opciones y ninguna es la del automóvil. La mayoría vive gracias a la estación de esquí, pues reparte dinero a espuertas gracias a la gran cantidad de portugueses y castellanos que se hospedan en la ciudad para luego lanzarse por una de sus 18 pistas. La industria textil es otra de las fuentes de riqueza.

Era un matrimonio «pudiente» gracias al taller y concesionario que lleva el nombre de él y un pequeño negocio que regentaba ella junto a su segundo hijo. Su padre dice que lo lleva «mucho peor» que él. En Béjar se encomiendan a que uno tirará del otro. Como dos cerezas. Evaristo recuerda que tras el accidente llamó a su hijo para darle la noticia. Pero no pudo. «No me atreví a decírselo. Solo le dije que su madre se había roto una pierna y le pedí que le pasara el teléfono a su novia, a quien pedí que le transmitiera la noticia», recuerda.

Con 52 años, llevaban muchos viajando. Siempre que podían, que se avecinaba un puente, organizaban una nueva ruta. Lo suyo era turismo de tres y cuatro días, el tiempo que le permitía sus negocios. «Nunca cerramos más que en los festivos, así que teníamos que aprovechar cualquier hueco», recuerda Evaristo, al que le asoman unas lágrimas pensando en la reserva de hotel en Jerez para acudir juntos al inminente Gran Premio de Motociclismo.

Bregados en mil viajes, había una zona en España a la que le llevaban tiempo poniendo el ojo, la costa de la provincia coruñesa. En esta ocasión, lo organizaron junto a un matrimonio amigo y la hija de este. En sus respectivas autocaravanas, se aventuraron hacia Galicia. Pusieron rumbo a Fisterra. Era jueves y el clima invitaba a pasear por las playas. No hacían más que sesenta kilómetros al día. Primero fue Santiago, luego Fisterra, también Muros, Muxía, Malpica, Caión y A Coruña. No tenían prisa en volver a Béjar. Isabel quería seguir viajando. Toda la vida.

Fuente original: La Voz de Galicia.

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